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Integridad cristiana y competencia profesional

En nuestros días se escribe y se habla mucho acerca del cambio. Es el concepto clave del momento. Lo importante es cambiar. Algunos han llegado a creer que el cambio podría suceder independientemente de su autor. Es decir, vivimos en una época en la que los procesos de cambio son más importantes que el propio agente de ese cambio, aquel que planifica y hace que el cambio suceda a través de sus prácticas dentro de las organizaciones y de los sistemas: el ser humano, en el desempeño de sus más variados papeles sociales, como por ejemplo, el del profesor, gestor de otros.

 

La Educación Adventista y el cambio a través del Espíritu Santo

Como sistema, la Educación Adventista necesariamente experimenta cambios. Sin embargo, no participa de aquellos debates que privilegian simplemente el cambio por el cambio en sí. El contexto cristiano de la educación adventista la proyecta más allá de las discusiones actuales; porque fundamenta toda su actividad, y consecuentemente sus cambios, en una acción guiada por el Espíritu Santo. Esta clase de cambio es lo que le confiere una identidad distintiva.

Para la educación adventista, el mayor de todos los cambios es el que sucede en el interior del aula, más específicamente en la vida de alumnos y profesores:

La Educación Adventista será más autentica y eficaz si aprende y enseña con el Espíritu Santo, el mayor  PhD en Educación. La ausencia del Espíritu Santo en las aulas de una escuela cristiana es señal de que la institución está perdiendo la identidad. El clímax de la secularización es eliminar el espacio de actuación del espíritu divino, el primer y más íntimo punto de contacto con Dios (Marcos de Benedicto, 2015).

Desde la antigüedad hasta nuestros días, varios autores han investigado acerca de la pedagogía del Espíritu Santo. Wilhoite y Rozema, por ejemplo, entienden la acción de educar como una “capacitación concedida por el Espíritu Santo en grado excepcional”. George Knight presenta la Biblia como el referente de un sistema educativo que pretende ser guiado por el Espíritu Santo.

Para la gran educadora adventista Elena G. de White, el foco recae sobre la persona del profesor, donde “todo maestro debe encontrarse bajo el completo dominio del Espíritu Santo”. En otra referencia, White sugiere que “Dios puede enseñarnos más en un momento por su Espíritu Santo de lo que podríamos aprender con los grandes hombres de la tierra en una vida”. Ella señala que la Biblia es el medio más eficaz para la preparación intelectual y ninguna otra literatura es suficiente para superarla. Los elementos constitutivos de la Biblia, como el alcance de los temas, la simplicidad de sus declaraciones y la riqueza de los escenarios, alimentan la percepción mental de manera sin igual. Es inevitable que la convivencia con la fuente de la verdad infinita no provoque en la mente del lector una expansión intelectual, pero lo que más se desarrolla es el área espiritual del estudiante. El hombre fue creado para asociarse con Dios. Por eso, a través del estudio de sus revelaciones, el lector atento se coloca en sintonía con el Autor, y se desarrolla en espíritu y en verdad. Ese desarrollo se procesará como resultado de su conversión restauradora y sus competencias y habilidades mentales llegarán a etapas excepcionales. Es en este contexto que Knight (2010) afirma que “el primer propósito de la educación adventista es llevar a los jóvenes a una relación salvífica con Jesús”.

La relación siempre fue la marca distintiva de una escuela guiada por el Espíritu Santo. Es verdad que esta relación es lo que se caracteriza como altruista y que provoca crecimiento y bienestar para los involucrados; el término más adecuado para caracterizar ese comportamiento es empatía. Diferentemente de la cultura competitiva y del estatus del conocimiento jerarquizado de los aprendizajes seculares, lo que se constatará en un sistema educativo guiado por el Espíritu Santo será una atmósfera cooperativa en la búsqueda de saberes excelentes, capaces de generar igualdad.

 

Instrumentos de cambio

Es siempre bueno recordar que la búsqueda de la igualdad a través de la educación no es exclusiva del modelo adventista; el Informe para la UNESCO de la Comisión Internacional acerca de la Educación para el siglo 21, encomendado al economista francés Jacques Delors, defiende y reafirma ese objetivo como necesidad primaria de todo sistema educativo. El íntegro de un trecho del informe dice así:

Al concluir sus trabajos la Comisión hace, por lo tanto, cuestión de afirmar su fe en el papel esencial de la educación en el desarrollo continuo, tanto de las personas como de las sociedades. No como un “remedio milagroso”, no como un “ábrete sésamo” de un mundo que alcanzó la realización de todos sus ideales, pero, entre otros caminos y para más allá de ellos, como una vía que conduce a un desarrollo humano, más harmonioso, más auténtico, de manera a hacer retroceder la pobreza, la exclusión social, las incomprensiones, las presiones, las guerras… . Apud Suárez (2010).

Esta cita del informe es muy bonita para leer. Pero, vamos a filosofar un poco cuestionando algunos puntos: ¿qué ha mejorado la educación, al punto de señalar como prueba del desarrollo amplio y pleno de la humanidad? Siglos tras siglos la condición humana ha empeorado, a pesar de los grandes descubrimientos y de los avances de la tecnología. La verdad es que nuestro pasado no nos sirve como ejemplo.

Así, afirmo sin miedo de equivocarme: le falta a la educación secular un componente mayor que las tecnicidades humanas, y, es aquí donde está la diferencia singular de la educación adventista, porque esta se ha pautado en la presencia cooperadora del Espíritu Santo.

Tengo por hábito leer diariamente la Biblia, en especial los evangelios, pero hace muchos años leí también el libro Enseñando para transformar vidas, de Howard Hendricks. Allí encontré una referencia a la segunda parte de Lucas 6:40 (leer online), que cambió mi manera de entender cómo Dios coopera con nosotros. He aquí el comentario de Hendricks (1991) después de estudiar el texto:

Independientemente de la reacción que provoca en nosotros, si deseamos enseñar a otros necesitamos primero pedir a Dios que él nos enseñe. Él desea bendecir a otros por nuestro intermedio, pero antes es necesario que nos bendiga, que obre en nosotros. Quiere usarnos como instrumentos suyos, pero primero necesita purificarnos, y afilarnos para que seamos una herramienta útil en sus manos.

Entonces, el vehículo de la enseñanza eficiente es la persona humana. Si aún estás leyendo este texto es porque realmente deseas mejorar tu práctica como docente y tienes por objetivo el desarrollo pleno de tus competencias profesionales. Por lo tanto, debes esforzarte por mejorar tu propia persona. ¿Cómo? Recuerda el texto bíblico de referencia: “…todo el que sea perfeccionado, será como su maestro”.

Algunas preguntas relacionadas con la presencia del Espíritu Santo en la educación:

  • ¿Está la Educación Adventista guiada por el Espíritu Santo?
  • ¿Cómo podemos perder la conducción del Espíritu Santo?
  • La Educación Adventista, ¿es verdaderamente adventista?
  • Los administradores, gestores, profesores, colaboradores y estudiantes de la educación adventista, ¿tienen sus actividades pautadas en la conducción del Espíritu Santo?

Parafraseando a Frank Rogers y Octavio Esqueda, encontramos que la educación cristiana aparte del Espíritu Santo, no tiene sentido. Esa necesidad de una enseñanza que tenga en el Espíritu Santo el motivador de la praxis del educador nos impone desafíos no usuales al quehacer educativo. Así, se hace imperativo que nos detengamos con más especificidad en este aspecto.

 

El desafío

La educación cristiana adventista no está principalmente centralizada en la tradición, en la Biblia, en el aprendiz, en la experiencia, en la sociedad o aún en la religión, por más importantes y vitales que sean esas cosas, sino en el Espíritu. El propósito fundamental de la educación cristiana es profundizar la capacidad de ver la actividad de Dios en el mundo y participar de ella con fluidez. Su objetivo no es la transmisión o la absorción pasiva de contenido cognitivo, la adherencia a un dogma, la imitación de un comportamiento o la conformidad irreflexiva con un grupo, sino el despertar para la realidad de Dios.

 

Bibliografía

  • SUAREZ, A. Manual do educador: princípios para integrar a fé e o ensino-aprendizagem. San Pablo: UNASPRESS, 2015.
  • KNIGHT, George R. A visão apocalíptica e a neutralização do adventismo: estamos apagando nossa relevância? Tatuí, San Pablo: Casa Publicadora Brasilera, 2010.
  • HENDRICKS, H. Ensinando para transformar vidas. Belo Horizonte: Betânia, 1991.
  • WHITE, E. G. Educação. Tatuí, San Pablo: Casa Publicadora Brasilera, 2008.
Marco Góes

Director del departamento de Educación Adventista para Bolivia.

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