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Redención, restauración y calidad de la Educación

La Educación Adventista fue ideada por el Creador del ser humano y se fundamenta en su Palabra, la Biblia. Filosóficamente, está conectada con la escuela celestial y allí tiene sus raíces y fundamentos. Redención, restauración y calidad son los principios que la orientan, mientras se utilizan estrategias eficientes y eficaces para desarrollar en los alumnos la ciudadanía terrestre y celestial. Este es el camino hacia una sociedad más justa e igualitaria, donde el ser humano es respetado y valorado.

La educadora Elena de White corrobora este enfoque:

“La verdadera educación significa más que la prosecución de un determinado curso de estudio. Significa más que una preparación para la vida actual. Abarca todo el ser, y todo el período de la existencia accesible al hombre. Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales. Prepara al estudiante para el gozo de servir en este mundo, y para un gozo superior proporcionado por un servicio más amplio en el mundo venidero.” (La educación, versión online).

Nada menos que la perfección es su ideal, pues al proponer una educación que promueve el desarrollo armónico de las facultades físicas, mentales y espirituales, la Educación Adventista está proponiendo la restauración de los alumnos a la imagen de su Creador. Este es el ideal más elevado que el ser humano puede alcanzar. Está por encima de cargos, fama, riquezas, honores, títulos y conocimientos científicos.

Un aspecto clave para el éxito educativo son las relaciones. En primer lugar está nuestra relación con Dios, fuente de poder, autoridad, amor y una ayuda indispensable, sin la cual el educador jamás alcanzará sus nobles ideales.

 

Las relaciones educador-estudiante-padres-comunidad

Deben ser armoniosas y productivas, deben promover la formación integral del estudiante. Los principios cristianos se basan en una lógica sublime y trascendente. Promueven el desarrollo ininterrumpido del ser humano. Para inculcarlos, los educadores deben prepararse, amparados por agentes divinos. La formación profesional del educador es muy importante y varias estrategias se desarrollan para el desarrollo continuo de cada educador, pero hay una preparación especialmente relevante cuando se piensa en la Educación Adventista. Cada mañana, los educadores y los alumnos deben presentarse ante el Rey del universo para pedir sabiduría a fin de adquirir el verdadero conocimiento.

Además de la preparación de los alumnos para ser exitosos en una sociedad altamente competitiva y cada vez más desarrollada en términos de conocimiento y avances tecnológicos, el gran objetivo de la Educación Adventista es el desarrollo del carácter, de modo que cada alumno esté correctamente habilitado para desempeñarse en los deberes de la vida presente y entrar al final en la vida futura e inmortal” (comparar con Mente, carácter y personalidad, t. 1, versión online).

Así se cumplirá el deseo del Salvador Jesucristo de enseñar a los niños y jóvenes a acumular “…un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrón que aceche ni polilla que destruya” (Lucas 12:33, versión NVI online).

Edgar Luz

Director del departamento de Educación Adventista para Sudamérica.

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