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Experiencias de una docente adventista IX

Por María Amalia Melillo de Herbez

Compartimos una serie de artículos que relatan experiencias vividas por la autora, que trabajó junto con su esposo como docente y directora de instituciones educativas adventistas. Pueden dejar sus comentarios o contactar a la autora directamente por correo electrónico haciendo clic en su nombre. A medida que conocemos estas anécdotas, confirmamos que la Educación Adventista es más que enseñanza.

Los negocios son del Señor

Para diciembre de 1995, Carlos Staciuk, cansado de tantas negativas por parte de su Comisión, reunió a todos los miembros y compartió una anécdota personal:

–Cuando nos casamos, teníamos muy pocas posesiones. Pero trabajando y luchando pudimos adquirir nuestro primer medio de transporte: una moto. Pasaron los años y Dios nos bendijo con abundantes recursos económicos. Todos saben que ahora mi esposa y yo tenemos un automóvil cada uno. ¿Dónde está la moto? Aquella moto estaba en el fondo del garaje de nuestra casa. Con preocupación, notamos que se deterioraba. Entonces, le propuse a mi esposa que tenía deseos de venderla. Ella me contestó que no lo hiciera, porque era un recuerdo de nuestras muchas luchas por superarnos económicamente en nuestra vida matrimonial. Yo accedí a su deseo. Pasaron los años y, finalmente, la moto ya no sirve para nada.

Entonces, Carlos dirigió una mirada intimidante a los miembros de la Comisión, y dijo:

–Si no aceptamos hoy la propuesta del IAMM, que beneficia a ambas partes, presento mi renuncia indeclinable a la presidencia de esta Comisión y a todo contacto con el Patronato.

Hubo un momento de incómodo silencio. ¡Y la respuesta unánime fue afirmativa! Esto dio comienzo a una serie de decisiones y acciones para concretar tan anhelado negocio. Se reunió nuestra Junta Escolar y se aprobó el plan de permuta. Inmediatamente, se comunicó a la Asociación Argentina del Norte (AAN) el cambio de situación y se realizaron los trámites necesarios a fin de concretar la operación.

Por su parte, la comisión del Patronato revisó sus registros y acuerdos administrativos y encontró en su Libro de Actas un acuerdo que indicaba que, si se decidiera vender algún día la propiedad, se debería poner un anuncio de venta en los diarios locales por una semana, para comparar diversas ofertas. Además, aún estaba pendiente el término del contrato de alquiler del cuarto de manzana que no utilizaba el Patronato.

Sin perder más tiempo, Carlos publicó el aviso de venta y hubo algunas ofertas. Sin embargo, los interesados fueron perdiendo el interés, uno a uno, por diversas situaciones. De esta manera se cumplió con el Libro de Actas del Patronato y la propiedad estaba en condiciones de ser vendida a la Iglesia Adventista.

El siguiente paso era conversar con los inquilinos del instituto de yoga. Cuando Carlos habló con la directora, ella se entusiasmó mucho, ya que sus dos hijos eran alumnos de nuestra escuela y estaba muy conforme con la educación que se les impartía. Despidió a Carlos asegurándole que haría lo posible para no entorpecer la negociación con el Patronato. A los pocos días, la mujer se presentó en mi oficina para informarme que el contrato de alquiler vencía a fines de mes y que con gusto trasladaría el instituto a otro lugar.

Nuevamente, comprobamos que Dios estuvo a cargo de este negocio desde el inicio. Con profunda satisfacción, mi esposo se dirigió al comercio de Carlos Staciuk, quien recibió la noticia con alegría y gran asombro.

El día de firma de las escrituras fue inolvidable. Ante la escribana de confianza de Carlos Staciuk, estaban todos los miembros de la Comisión Vecinal del Patronato, el director del Departamento de Educación de la AAN, pastor Eugenio Di Dionisio; el tesorero, contador Raúl Kahl y yo, como directora del establecimiento. Firmamos la permuta del predio sito entre las calles Salta y Jujuy por nuestro edificio escolar de la calle Entre Ríos más 70 mil dólares. Recuerdo el momento especial cuando Carlos Staciuk manifestó ante la escribana:

–Quiero que vea, escribana, lo que es hacer una operación financiera con la Iglesia Adventista. Son un ejemplo de honestidad.

Allí pude renovar mi entrega a Jesús y pedirle que me ayude a mantenerme siempre aferrada a su mano poderosa para ser un testigo fiel. ¡Gracias, Señor, por los desafíos que pones en nuestras vidas y por las oportunidades de ocuparnos de tus asuntos eternos! Somos tus siervos.

Continuará…

María Melillo de Herbez

Docente y directora jubilada de instituciones educativas adventistas.

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