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Experiencias de una docente adventista VII

Por María Amalia Melillo de Herbez

Compartimos una serie de artículos que relatan experiencias vividas por la autora, que trabajó junto con su esposo como docente y directora de instituciones educativas adventistas. Pueden dejar sus comentarios o contactar a la autora directamente por correo electrónico haciendo clic en su nombre. A medida que conocemos estas anécdotas, confirmamos que la Educación Adventista es más que enseñanza.

Se necesita una nueva ampliación

A fines de 1995 había que matricular alumnos en el Instituto Adventista Mariano Moreno (IAMM) para el desdoble de Cuarto Grado y ya no teníamos más aulas.

A principios de 1994 y durante casi dos años, gestionamos la compra de otra propiedad que estaba situada en el medio de la manzana, con salida a la calle Entre Ríos, por medio de un pasillo estrecho, el que sería anulado si lográbamos adquirirla, haciendo de esta manera un enlace con la casa que ya contábamos, donde funcionaban dos hermosos salones de clase.

Hablamos con la dueña, quien nos dijo que nos la daría si le conseguíamos una casa con las mismas comodidades que la suya, en el mismo barrio. ¡Y la conseguimos! En la manzana de enfrente había una propiedad con las características solicitadas, y con la ventaja de que la entrada daba a la calle y poseía una pileta de natación en perfectas condiciones. La propiedad costaba 85 mil dólares y nosotros contábamos con ellos y también con la aprobación de la Junta Escolar y de la Asociación Argentina Central para realizar la operación de cambio de propiedades.

Pero cuando quisimos avanzar el trato, la dueña desistió de la intención de cambiar inmuebles y nos pidió el dinero. Y aumentó el precio a 120 mil dólares por una propiedad ubicada en el interior de la manzana. No contábamos con tal suma y tampoco era un buen negocio. Estábamos en un callejón sin salida.

Oramos mucho al Señor, convocamos ayuno del personal para que Dios nos revelara qué hacer. Participaron todos los miembros de la Junta Escolar, el personal docente y no docente. Recuerdo las palabras de la profesora Edith Moroni, miembro de la Iglesia Adventista Central de la ciudad, cuando presentó la situación del pueblo israelita al regresar de Babilonia para reconstruir Jerusalén. Según registra la Biblia, Esdras, el líder religioso, en lugar de pedir ayuda militar al rey de Persia para quien trabajaba, convocó un ayuno para pedir la intervención del Señor. Esdras registró lo siguiente:

“Luego, estando cerca del río Ahava, proclamé un ayuno para que nos humilláramos ante nuestro Dios y le pidiéramos que nos acompañara durante el camino, a nosotros, a nuestros hijos y nuestras posesiones. En realidad, sentí vergüenza de pedirle al rey que nos enviara un pelotón de caballería para que nos protegiera de los enemigos, ya que le habíamos dicho al rey que la mano de Dios protege a todos los que confían en él, pero que Dios descarga su poder y su ira contra quienes lo abandonan. Así que ayunamos y oramos a nuestro Dios pidiéndole su protección, y él nos escuchó”. Esdras 8:21-23, versión NVI online.

Fueron momentos de consagración y mucho ánimo. Alejandro Lancioni, hijo de Edith y miembro de la Junta Escolar, fue por última vez, en nombre de las autoridades de nuestra institución, a hablar con la dueña de la casita en cuestión, quien lo despidió sin más palabras.

Continuará…

María Melillo de Herbez

Docente y directora jubilada de instituciones educativas adventistas.

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