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Experiencias de una docente adventista X

Por María Amalia Melillo de Herbez

Compartimos una serie de artículos que relatan experiencias vividas por la autora, que trabajó junto con su esposo como docente y directora de instituciones educativas adventistas. Pueden dejar sus comentarios o contactar a la autora directamente por correo electrónico haciendo clic en su nombre. A medida que conocemos estas anécdotas, confirmamos que la Educación Adventista es más que enseñanza.

Desafíos de construcción

Finalmente, el 13 de febrero de 1996 pudimos pisar el terreno adquirido para comenzar la tarea de acondicionamiento y estar listos para el inicio de clases. Nos quedaba muy poco tiempo hasta el 11 de marzo, el primer día del año escolar, designado por el Ministerio de Educación de la provincia.

Ya en nuestra nueva casa, rápidamente evaluamos lo existente y decidimos los cambios necesarios para contar con los mínimos requerimientos, a fin de poder realizar las actividades escolares. En 27 días, se bajaron los pisos que resultaban muy elevados y se rellenaron otros que resultaron ser de niveles demasiado bajos, allanando el lugar, dejando la planta con la menor cantidad de desniveles posibles. Se derribaron tabiques y se construyeron otros según se necesitaban, para acondicionar salones escolares, sala de computación, oficinas para la Dirección, la Secretaría y una sala que contenga la biblioteca escolar. Se abrió un hueco en el muro perimetral, para colocar un cómodo portón de entrada, por donde toda la comunidad escolar pudiera tener su feliz acceso y se construyó un techo que sirvió como patio escolar cubierto.

El techo fue obra de un padre de nuestra comunidad escolar, el hermano José Ardel, dueño de una empresa en la ciudad de Oberá, distante a unos 100 kilómetros de Posadas. Providencialmente, ese año se había mudado con su familia a la ciudad de Posadas y habían matriculado a sus hijos en el IAMM. Su esposa, años más tarde, se incorporó al personal docente como profesora de Ciencias Naturales en el Nivel Secundario. El hermano Ardel y su personal montaron un techo de excelente calidad en muy breve tiempo y cobraron un precio muy accesible. Otro padre, Oscar Marcienzynski, que poseía una empresa constructora, puso una buena parte de su personal a trabajar en la remodelación, costeando los sueldos y seguros de trabajo.

Las nuevas instalaciones escolares eran el regalo más precioso del Señor para toda nuestra comunidad y para la membresía de nuestra iglesia de la ciudad de Posadas. En esos días de preparativos, todas las jornadas se veían distintas, un día se percibía una estructura que al otro día cambiaba de aspecto.

En menos de un mes se completó la remodelación, tal como habíamos planeado, y pudimos inaugurar el establecimiento el primer día de clases. Elevamos nuestros corazones al Señor y renovamos nuestra entrega y disposición para continuar las tareas con la mejor voluntad posible y con el ánimo de perfeccionar lo logrado.

A los pocos días de comenzadas las clases, el arquitecto Steger, quien además de ser el presidente de la Junta Escolar, dirigía las obras de remodelación, tuvo que viajar al exterior por dos meses y medio. Antes de irse, el arquitecto habló con Ramón Flores, tesorero de la Iglesia Adventista Central de Posadas:

–Flores, no realice ninguna obra sin antes consultarme. No ocasione gastos a las arcas de la escuela. Espere mi regreso.

Pero no estaba en los planes del hermano Flores quedarse de brazos cruzados. Deseoso de proporcionar un espacio apropiado para realizar las actividades de Educación Física y recreación de los alumnos, recurrió a la ayuda de sus amistades y a su propio bolsillo para concretar uno de sus sueños: la construcción de un área para la actividad física. Cuando Steger regresó, los dos se abrazaron felices en la Dirección de la escuela, satisfechos de lo logrado. Ambos habían decidido olvidar las condiciones y avanzar por fe. Toda la comunidad educativa colaboraba y trataba de adaptarse a las situaciones incómodas que, por el momento y a causa de los grandes costos, íbamos solucionando paulatinamente.

Nuestro vecino, el Patronato, estaba regularizando sus deudas y el edificio escolar que habíamos entregado ya estaba alquilado. Durante ese año escolar nuestros docentes y alumnos colaboraron con las desafortunadas niñas, llevándoles ropa, alimentos y relatos extraídos de la Palabra de Dios, que recibían con agrado.

A medida que avanzaba el año escolar fuimos analizando las posibilidades de crecimiento institucional. En las reuniones de la Junta Escolar conversábamos acerca de un proyecto edilicio ambicioso pero razonable, en vista de las posibilidades de ampliación que nos permitía el predio que, por la gracia de Dios, habíamos adquirido.

El arquitecto Edgar Steger confeccionó los planos del futuro edificio, que constaría de tres plantas con una terraza en el último piso para emplazar un gimnasio. Steger donó la totalidad del proyecto, incluyendo sus honorarios y gastos adicionales. El costo de ejecución de las obras fue estimado en 1.200.000 dólares.

Para no cometer el error de la parábola bíblica (ver Lucas 14:28-30) se acordó la ejecución en partes. En nuestra gestión se construyó el espacio abierto, el aula del Preescolar y los baños de toda la escuela.

Continuará…

María Melillo de Herbez

Docente y directora jubilada de instituciones educativas adventistas.

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