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El servicio en tiempo de crisis

El servicio en tiempo de crisis

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45, versión Reina-Valera 1960 online)

Prácticamente llevamos más de 8 meses confinados, por un virus que se insertó en nuestra sociedad, en nuestras familias, en nuestro país, en el mundo entero. Y la lucha por definir si volver a clases de manera presencial para entregar un servicio educativo más completo es lo correcto, sin duda ha sido una de las discusiones más complejas que se ha debido desarrollar no solo por autoridades sino también por los distintos sectores de la sociedad.

Educar en tiempos de crisis, se ha convertido en un gran desafío. Nos ha hecho cuestionar nuestra práctica profesional, nos ha invitado a replantearnos la forma en que construimos aprendizajes con nuestros estudiantes, la forma en que adquirimos y compartimos el conocimiento, las metodologías que decidimos utilizar, la forma en que podemos evaluar y sobre todo nos ha permitido ver si el servicio que estamos entregando es tan real como parecía cuando todo era presencial.

A través de las pantallas, en general estamos viendo cajas negras, con nombres que nos indican que nuestros estudiantes “están”. Pero, surge la pregunta; ¿realmente se encuentran allí? … Y no nos referimos al estado físico solamente, sino más bien, a su estado emocional, social, familiar… Estar presente, es mucho más que aparecer detrás de un nombre. Por ello como docentes, el servicio educativo se transforma en algo que va más allá de la prosecución sistemática de un curso de estudios, de la obtención de óptimas calificaciones por parte de nuestros estudiantes, más bien tiene relación directa con la persona, y de la forma en que facilitemos los aprendizajes.

Por ello, el servicio debe lograrse con una conciencia clara de lo que significa educar, de la dedicación que como docentes debemos tener en cuanto a la preparación de nuestras clases, considerando que existe una cosmovisión cristiana a la que nos debemos y que nos indica que nuestro modelo está en el gran Maestro que declaró: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir…”

Si logramos llegar a pensar así, será un placer y un honor entregar un servicio de calidad tanto para este mundo como para el venidero y ya no será una carga el tener que adaptarnos a los desafíos de educar en estos tiempos de crisis, como el que nos tocó vivir, sino más bien un desafío que nos permitirá cumplir con la misión que nos fue entregada, esta de “servir a los demás”.

Maritza Guzmán Matamala

Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad de la Frontera. Chile.

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