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Experiencias de una docente adventista II

Compartimos una serie de artículos que relatan experiencias vividas por la autora, quien trabajó junto con su esposo como docente y directora de instituciones educativas adventistas. Pueden dejar sus comentarios en cada artículo o contactarla directamente por correo electrónico, haciendo clic en su nombre. Si tienen más historias provenientes de distintos países de Sudamérica, podrían formar parte de esta categoría. Por favor, envíen su contribución por correo electrónico, adjuntando imágenes.

A medida que conocemos estas anécdotas, confirmamos que la Educación Adventista es más que enseñanza.

 

En Salta y Entre Ríos

Mi esposo José, con mucho don de gentes, sentido práctico y bueno para los negocios y yo, detallista y exacta en lo académico, formamos un dúo ideal, sin saber que el Señor nos iba a utilizar para desarrollar las escuelas donde nos tocara desempeñarnos frente al aula y en cargos directivos, instituciones que estaban en pleno crecimiento y esfuerzos por lograr la excelencia académica que hoy en día ya es reconocida por la comunidad.

María Amalia Melillo y José Luis Herbez en 1970.

A dos años de casados, estábamos criando a nuestro primer hijo, Ariel, y fuimos invitados a trabajar en la Escuela Adventista “Bartolomé Mitre”, administrada por la Asociación Argentina del Norte (AAN), en la ciudad de Salta, más precisamente en el terreno del Templo Adventista Central. Recibimos la inesperada y alegre noticia de que nuestra segunda hija estaba en camino, por lo que decidimos que yo no trabajaría, a fin de ocuparme de las tareas domésticas y de la educación de nuestros hijos. José se desempeñó como docente de grado en el establecimiento; sin embargo, los dos participábamos en la iglesia adventista local. Además, esporádicamente, yo apoyaba las actividades prácticas del currículo de la escuela, dando clases de tejido y otras manualidades a las niñas. Estuvimos cinco años allí, hasta que fuimos invitados a trabajar en el Colegio Adventista del Plata (CAP), hoy Universidad.

José se encargó de las ventas de los productos alimenticios que esa institución elaboraba, y yo trabajaba como profesora de Francés en el colegio secundario, ya que había realizado estudios de dicho idioma en Buenos Aires, en la Alianza Francesa. Al cabo de seis años de desempeñarnos en esta querida institución, fuimos trasladados al Instituto Adventista “Francisco Ramos Mejía” (IAMO) en la localidad de Morón, provincia de Buenos Aires.

Fue muy importante nuestro paso por el CAP, ya que además de haber adquirido muchos amigos que marcaron nuestra vida espiritual, nuestros hijos y nosotros recibimos un gran apoyo para la labor futura, en la misión que el Señor nos tenía preparada.

Continuará

María Melillo de Herbez

Docente y directora jubilada de instituciones educativas adventistas.

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