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Educación Adventista, metamorfosis de la vida

Hoy más que nunca vemos por todas partes salones de belleza, spa, gimnasios, entrenadores personales, grupos de aerobic. Dentro de la propuesta de Hollywood, también tenemos películas y series que explotan la necesidad de cambios en todos los aspectos de la vida. El género de la ciencia ficción, por ejemplo, nos propone también metamorfosis, como la saga “Transformers” que como su mismo título señala, trata acerca de seres con apariencia de vehículos, que en realidad son de otra galaxia, camuflados como automóviles, cuando en realidad son robots muy avanzados, cuyos propósitos no son del todo buenos para nuestro planeta (Todo un argumento…)

Hace más de 20 años trabajo para la red de Educación Adventista y he visto verdaderas e innegables transformaciones que dejarían asombrados hasta a los más creativos cineastas. Chicos y chicas que llegaron hasta nuestras instituciones devastados por situaciones familiares altamente complejas, alumnos que no eran capaces de creer en un presente mejor; mucho menos en cualquier tipo de futuro, y que gracias a la Educación Adventista sus vidas fueron transformadas y en algunos casos sus familias también.

Considero que esas son el tipo de transformaciones que nos motivan cada día a enfrentar la tarea de educar con más ganas, motivados a seguir adelante aun cuando la cuesta se ponga empinada, aun cuando el reconocimiento o la gratitud tarden en venir o quizás nunca se haga presente. He aquí solo un testimonio:

Eugenio (nombre ficticio). Huérfano de padre. A los pocos meses de haberlo aceptado como alumno, también fallece su madre. Un muchacho golpeado muy temprano en su vida por la tragedia. Un carácter complejo y, por momentos, muy irascible. Muchos dirían: un alumno con muy mala conducta.

Su metamorfosis comienza gracias a que Dios inspira a un grupo de docentes a comprometerse más allá del salón de clases. Juntos elaboran una estrategia de padrinazgo y “adopción”. Velaron para que a Eugenio no le falte ropa, comida, útiles y apoyo escolar, le dieron ocasionales tareas para que pudiera comprender que con esfuerzo y dedicación todo es posible. Aunque proveyeron de casi todo para su bienestar, el mayor y más grande tesoro que le dieron fue el conocimiento de Dios. Eugenio se familiarizó con la vida cerca de Jesús y a los pocos años tomó su decisión de entregar su vida a Dios a través del bautismo. Luego estudió, se graduó, se casó y hoy tiene 3 hijos. Es un excelente profesional en su área y un hombre altamente sensible con las necesidades de los demás, especialmente con la comunidad aborigen de su región, a la que ayuda de innumerables formas.

Educación Adventista es más que enseñanza. Educación Adventista es una red que transforma gente para esta vida y para la eternidad.

Gabriel Boleas

Director del departamento de Educación Adventista para Argentina.

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